Por Ricardo Reyes.
El gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero (MANQ) salió nuevamente a los medios para autoproclamarse defensor del patrimonio estatal, asegurando que su administración «no ha generado nueva deuda pública», ha reducido pasivos heredados y equilibra desarrollo económico con protección ambiental. Sin embargo, los hechos y las cifras oficiales pintan un panorama muy distinto, marcado por incrementos en el endeudamiento, pagos atrasados a trabajadores y cuestionamientos sobre la sostenibilidad real de sus finanzas.
En marzo de 2026, Navarro Quintero repitió su narrativa de «gobierno ejemplar» sin generación de deuda económica, pero los registros históricos contradicen sus afirmaciones. En julio de 2024, a petición directa del mandatario, el Congreso local aprobó un endeudamiento adicional por 600 millones de pesos, lo que representó un incremento del 11.1% en la deuda pública estatal. Este préstamo se sumó a una cartera que ya superaba los 5,964 millones de pesos al inicio de su gestión, según datos reportados por el propio gobierno.
A inicios de 2026, la administración enfrentó una crisis de liquidez tan grave que se convirtió en el único estado del país incapaz de pagar en tiempo y forma los aguinaldos y prestaciones de ley a miles de trabajadores del magisterio y burocracia estatal. Para cubrir parcialmente estos adeudos, el gobierno recurrió a préstamos bancarios de corto plazo y adelantos masivos de participaciones federales por más de 1,000 millones de pesos, hipotecando recursos futuros y pateando el problema hacia adelante. A pesar de estas maniobras, cientos de empleados permanecieron con pagos pendientes durante semanas, generando protestas y denuncias por presuntas amenazas y congelamiento de prestaciones.
Mientras el gobernador habla de «recuperar patrimonio» y «blindar el futuro por 25 años», críticos señalan que las supuestas reducciones de pasivos se han logrado a costa de mayor dependencia de deuda revolvente y adelantos federales, sin resolver estructuralmente los problemas financieros heredados. Además, persisten señalamientos de errores presupuestales y uso discrecional de recursos que han agravado la tensión social en sectores como educación y burocracia.
Lejos de ser un «estado modelo» como presume MANQ, Nayarit arrastra una imagen de inestabilidad financiera que contrasta con el discurso oficial. Los nayaritas esperan hechos concretos y no solo declaraciones optimistas que, hasta ahora, no han evitado ni el aumento de la deuda ni los rezagos salariales que afectan a miles de familias.
